Se acerca el final mientras te paseo por Roma con una birra en la mano. Corremos desesperadas para coger el autobús. Nos bañamos en Villa Borghese como aquel verano en la fuente de tu pueblo. Volvemos a hablar del pasado, del presente y del futuro, que ha llegado, como hacíamos antes. Entre Granada y Roma no existe distancia.
Me pica una araña. Creo que me muero. El farmacéutico se ríe de mí. Mi madre también. Me recuerda que sigo siendo una niña porque reacciono igual que cuando con 11 años me mordió ese puto hámster en el cole.
Cojo un avión después de una fiesta de San Fermín a la italiana y me voy a Venecia. Aparezco en un vaporeto entre islas. La maña no sabe ni dónde estamos. A la vuelta le confieso que no abrí la boca por no cerrar el puño, ella llora de la risa.
Grito en el locutorio que vuelvo pronto a casa. Que pasaré por Barcelona para visitar a mi hermana. Pocos días quedan para abandonar mi segunda casa. Roma no será Roma, será más que Roma. Una buena fiesta en Ostia me espera como despedida. Bailaremos, beberemos y brindaremos por estos 6 meses que cambiaron nuestras vidas y que hicieron que mis ojos volvieran a brillar de nuevo .
1 comentario
28 Julio, 2008 a las 7:19 pm
Hola, soy una ingrata que hace rato no venía por mis porros… y mis besos.
Me encanta que tus ojos volvieran a brillar. Me alegra enormemente ver la gente feliz.
Abrazotes y besotes.